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| La cata o degustación, llamada también análisis organoléptico o sensorial, es la apreciación de las cualidades de un vino a través de los sentidos, principalmente la vista, el olfato y el gusto. Catar (o degustar) y beber no es lo mismo: “beber” es ingerir un líquido (en nuestro caso, el vino) y “catar” es someterlo a nuestros sentidos para analizarlo, describirlo, juzgarlo y clasificarlo. |
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| En el momento de la degustación, es un buen comienzo examinar el corcho, porque puede indicarnos algo sobre el vino. Es buena señal que esté húmedo en el extremo interno, pero no lo es si esta húmedo en el extremo contrario. Si el corcho está seco puede tratarse de un vino muy joven o cuya botella haya sido almacenada verticalmente. Si se deshace, puede tratarse de un corcho de mala calidad o de un vino demasiado viejo. |
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| El segundo paso es observar el color del vino. Para apreciarlo mejor, debemos servirlo en una copa de cristal transparente, preferentemente en forma de tulipán, y levantar la copa en un sitio bien iluminado y contra una superficie blanca. La vista nos dará señales sobre su intensidad (pálido intenso, profundo, apagado, brillante…) y su tonalidad (los tintos pueden ser rojo, rubí, violáceo, guinda, granate, teja…; y los blancos, amarillo pálido, amarillo verdoso, ámbar, dorado…) |
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| Luego sentiremos el aroma o “bouquet”. En un mismo vino percibiremos una combinación de varios aromas que conviven armónicamente. Tomamos la copa con firmeza y le damos un leve giro (agitación), para que el vino se oxigene y así vaya desprendiendo sus aromas de a poco. Al introducir la nariz en la copa, nuestro olfato nos dirá si un vino es, por ejemplo, frutado (puede tener notas de durazno, damasco, manzana, frutas rojas como frambuesa o ciruela, almendras…), maderizado (aparecen notas de vainilla, roble, ahumado…), caramelizado (notas de miel, manteca, caramelo) o floral. En este paso debemos buscar armonía, fruta, intensidad, madera, madurez. |
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| Por último, probaremos el vino. Tomaremos un sorbo que llene la boca y lo mantendremos allí unos segundos tratando de absorber un poco de aire para que se oxigene y ofrezca todo su sabor. En este momento los aromas sube hacia las fosas nasales y se tiene la impresión de estar bebiendo y respirando el vino al mismo tiempo. Luego, el vino se traga o se escupe, pero en el paladar queda un sabor al que se le da importancia. Ya que un vino se juzga por su persistencia en boca. Así, hay vinos “cortos” (su sabor persiste en boca 11 segundas como máximo) y “largos” (25 segundos como máximo). En este último paso debemos buscar acabado (corto o largo en boca, aterciopelado), equilibrio, acidez, cuerpo (ligero, medio, pesado), dulzor (Seco o dulce), taninos, sabores en general (Sabor intenso o débil, frutal, floral) |
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| Para emitir un juicio correcto debemos catar un vino con la boca fresca, sin sabor a tabaco, aguardientes o comidas picantes. El uso de perfumes fuertes también podría alterar nuestra percepción. |
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